Hablo con una sombra
que aprende mi nombre lentamente.
El silencio se sienta a mi lado
como un animal cansado.
Hay palabras que no digo
porque sangran al salir.
Mi voz es un cuarto vacío
donde alguien ha olvidado vivir.
Escribo para no desaparecer del todo,
para que el miedo tenga forma.
La noche me mira
y no promete nada.
Poema encontrada en el bolsillo de la última rebeca que llevó puesta Alejandra Pizarnik, sin fecha.
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